viernes, 5 de marzo de 2010

La flor de la vida



Y allí, en donde sobran las palabras
Hay un vuelo de secretas voces
Aleteando como un sol sin luz
Tocando las manos que te tocan
Oyendo a quien te escucha
Calando las montañas que te traen de regreso
Y en la tibia nobleza del idilio
Surge la flor de la vida
Sin una sola espina.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Viento en el viento


No le puedo decir no al tiempo. A los ojos del destino
No le puedo decir no.
El templo del alma viaja en las alas del viento.
Voz del silencio, canción del amanecer.
Si fuera esencia no importara el reloj.
Pero la carne es el señuelo. La mordida al anzuelo.
El vuelo de la belleza creada
Por la palabra grabada en la palabra.
Y luego el pensamiento sigue la palabra.
Y la palabra al pensamiento.
Noche de mil estrellas.
Universo de arena.
Huellas.
vida.

No le puedo decir no al tiempo. A los ojos del destino
No le puedo decir no.

lunes, 1 de marzo de 2010

Y luego el amanecer



Tentación de voz. No es posible verse andar. Oir los pasos.
Hueso a hueso se arma el esqueleto. Universo enroscable.
Y luego echarse a andar:
Doblando esquinas;
Olvidando el ropaje en los matorrales.
Arena movediza y canción. Rosa y espina.
Pronunciar tu nombre entre otros nombres tuyos.
Respirar la prisa entre ojos que atraviezan la calle,
Con lo rojo del semáforo a favor.
Serena ilusión y dedos sedientos,
En la frente una cruz. Color movedizo que despierta
Cuando ha de dormir el ladrido de los perros.

No se guarda la distancia entonces.
Hay el tiempo preciso para una sonrisa leve,
Para enmudecer la nostalgia. Para secar el sudor.
O deslizarse río abajo como un pez...
Se atrazan los caprichos entre nuevas promesas.
Los pies alardean su viejo plumaje
Y el horizonte retoca las últimas nubes en su regazo.
Una canción entre la humedad de tus labios.

Y luego el amanecer.

domingo, 28 de febrero de 2010

Antes de contar el cuento






Antes de contar el cuento
Suenan los tambores. Te van sacando de tu cuerpo.
Sin saber, cambia la mirada hacia el lejano horizonte propuesto.
Y el nido queda deshecho, para cuando se apaguen las luces.
Se llena de canciones mudas el centro de tu nombre.
Olvidas peinar pensamientos, labarlo al río
Y echarlo a volar con las mariposas.
Te vas, así, muy temprano.
Desnudo.
Con las manos abiertas a la cuestión.
Aquello que siempre haz querido puede que esté allí.
Los ojos vidriosos, los labios húmedos.
Los pies agitan el camino lejos del dolor o del cansancio.
Frente a la voz, dejas caer las últimas espadas
Pendiente de una luz cualquiera para echarte a correr
Rumbo a la gloria.
Pero no.
Todo termina y viene, sin tocar la puerte, la soledad más terrible.
Vuelves a aquél lugar.
Todo está frío.
Los fogones apagados.
Los bichos arrastrandose de un lugar a otro por el piso.
En las paredes lloran los lagartos.
Te deja llevar hasta un rincón cualquiera por el viento.
Hasta que griten las chicharras,
De que el cuento ha de ser contado.
Dejando apagar tu fuego
Una y otra vez.