domingo, 7 de noviembre de 2010

Miro entre las piedras del camino



Zú, la del barro y oraciones. -Miro entre las piedras del camino. Miro entre los altares y el espejo. La ceniza se hace inocencia mientras el viento mece las copas de los árboles, se arrastra hasta el fuego dormido entre las agujas dobladas del reloj. Se hace sombra el andar de los sueños. Un poco más allá de las nubes, hay otras voces despiertas entre las alas de un sol indescifrable. Se abren las puertas de las noches idas y beben, entre los labios del rocío, la melodía ilúdica de la luz. Miro entre las piedras del camino.


Mujer. -Suelto los círculos del día anterior. La noria no respira en estas horas desvestidas sobre mi cuerpo de algodón. Pienso. Pienso que te has ido. No te veo respirar. Pienso que me doblo entre tus ojos, que me miran dibujar estrellas sobre el suelo húmedo. Me vuelvo sobre mis pasos para encontrar la huella que me regresa a tí. Tu recuerdo aun huele en mis memorias rotas. Vuelo entre las alas del olvido y te llevo a cada paso que mi vida da. Sin embargo, puedo andar en tu ausencia, bordeando callejones oscuros y piedras que anidan grillos y fantasmas. Hay una aroma que respiro entre el ciego transcurrir de las horas. Son muy largos estos días.
Hombre. -Ya regresan, sin penas, las garzas sobre la inquebrantable tarde que se va sin volver la mirada. Y tu me mombras(Tu nombre se me corre entre las venas). Poca es la distancia entre los mares que nos surcan. Arena entre la orilla, la barca se hace olas entre el anhelo. Te abrazo entre los sueños, y en sueños eres incorpórea y afable, como lluvia de mayo. Como flor del desierto. Como río que se envuelve entre las escamas de los peces que le nadan: cuerpo de sus cuerpo, voz de su silencio, luna de sus noches.
Mujer. Se me hacen atardeceres los temores de amarte y no encontrarte entre las cosas que me abrazan entre la vida.

Zú, la del barro y oraciones. -Se hace pensamiento el pensamiento. Se hace espina y primavera la distancia. Se llaman sordamente los espejos perdiéndose entre nubes de alas grises. Ahora, entre el callado despertar de las serpientes vuelven, sin prisa, a surcar el otoño en verdes llantos, el amar del olvido. Ya corren, entre los montes, la voz desesperada que se envuelve en el viento pasajero para verse marchar sobre el regreso. Cansada de volar, se hacen cielo azul las alas que desnida el anhelo de perderse en la tibia morada del vacío y la ternura. El polvo se hace barro entre la lluvia. La lluvia se hace río. El mar cuenta la historia entre sus olas. Se hace fuego y hechizo el andar de las horas. Murmura el buho anidado en la noche. Respiran las luciérnagas, tentando los murmullos de los sueños, doblados entre el arroyo y la luna que canta dulcemente al ladrar de los perros sobre lo duro del asfalto. Vuelve a reir la risa entre el alegre parpadear del espejo.

Mujer. -Dejo abiertas las puertas de mis mares.
Hombre. -Me voy pero regreso, hasta enredarme en tu regazo.
Mujer. -Hay cosas que se pierden en la mirada.
Hombre. -Hay voces que se duermen entre la humedad de los labios y el hechizo.
Mujer. -Que queda por decirse?
Hombre. -Andar sobre el abismo, sin doblarse en la sombra.
Mujer. -Y luego nada queda.
Hombre. -Y luego se amanece en medio de la noche.
Mujer. -Donde haremos los nidos?
Hombre. -Dejemos, entre las hojas caídas y el destino, que se agite el viento.
Mujer. -El camino que es nuestro, no anida en otros pasos.
Hombre. -Y ese andar peregrino de tu alma no tiene voz en el eco que se deja dormir en las veredas.
Mujer. -Tomo aquel equipaje en la inocencia y me voy al quedarme.
Hombre. -Ya viene el nuevo día.
Mujer. -Amanece.