miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hacia el norte




En el amplio matiz de mi silencio
Abro las horas.
Para mirar de frente al sol
Y todo aquello
Que me ha permitido caminar
Aunque despacio
Pero caminar.
Ir con el viento, con alas rotas
Con un puñado de palabras
Y en franca fe el alma.
En mi armadura blanca y transparente
He cargado las cosas
Aquellas que no alcanza la mirada
Sin mucha gracia, es posible
Pero no la he dejado morir a la interperie.
En mi mano derecha un motivo
En mi mano izquierda
Una jumeadora de luz pálida
Contra la luz del sol brilla
En medio de la noche brilla
Mi jumeadora azul...
Perdí la cabellera y la sonrisa
En luchas callejeras
El hacha filosa de la incertidumbre
Dejó desnudos mis pensamientos
Y aun así afirmé las raíces
Sin aliento
Pero con paciencia seguí
Surcando sobre el asfalto.
Y es hoy cuando me detengo
A sacar algunas espinas
Porque es largo el camino aun
Y Habrán otros puñales y espejismos.
En mis surcadas cuerdas
Llevo los cantos
Que me esculpió el cansancio
Rimas que afinan
La dulce mirada del tiempo
Y de las voces
Tiernos movimientos sobre el viento
Que viajan en mi
No diria conmigo porque estoy
Solo cuando la tormenta
Hunde su espada
Sobre la inocencia de mi carreta.
He visto el amor de frente
Pero no cuento
Con la fábula de la felicidad
Sobre mis viejos maderos
He tocado su cuerpo
He besado sus labios
Me he perdido entre el ansia inmortal
Del gran vacío que funde
El sueño y la esperanza.
Pero no.
Ha sido solo el toque
Intrascendente del destino
Quien le ha puesto alas
A oscuros pasadizos engargantados
En roncos lamentos incoloros.
Y es ahora cuando corto este canto
Para regresar a tejer melancolías
Descocer inarmónicos lamentos
En cada huella.
Sin despedirme marcho
Siguiendo el vuelo de las mariposas
Que afilan hacia el norte.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Érase una vez


Érase una vez que todos teníamos
las manos atadas al destino.
para hacer caminos.
Érase la oportunidad de volar
como vuela la noche,
sin alas,
sobre el viento.
Érase la canción desnuda.
desnuda de alma.
para caldearse a lo futuro
una cabellera de sal y mirada abierta.
Amando el presente por el presente;
mirando la firme expresión del horizonte
que nos invita a tomarle desprevenido
y preñarles
de voces perfumadas
y puñales rotos.

Érase como para brindar
por la lluvia que moja
el lento caminar de las almas dormidas;
de echarse sobre el surco
de la tierra seca
y arar el aliento de cigarras
y olvido...
felicidad pasajera, que toca sin mirar
y se lanza al vacío.
tristeza inmunda que se toma el capricho
de hacer en nuestras frentes
otros caminos
con sus besos salvajes...
Érase la nada
ansiando perseguir mariposas.
Érase la espiga y la flor
prendida al hechizo de unos labios
húmedos:
anhelos perdidos sobre la flor
que duerme entre pétalos de otras horas.
Érase que eramos parcos trovadores
de canciones diminutas,
casi imperceptibles
para hablar de que todo
vuelve a ser
lo que nunca había sido.
un camino trillado
un abrazo entre olvido
un espejo quebrado sobre el noble barranco
un ruiseñor sin alas mientras vuela su canto
una ráfaga incierta de golondrinas blancas
una rama en la hoguera
un hablar sin palabras...
Érase el principio de una cuna.
otra.
para mecer el sándalo inundado de hiel
y de esmeraldas...
Érase mil aleluyas con zapatos quebrados
y huellas dibujadas
por el dios del camino que nos lleva entre brazos...
Erase el principio
el primer paso
la mirada que sube
hasta tocar la inocencia fingida...
Érase que eramos
un collar de perlas
caracolas dormidas entre el mar
que cabalga por entre las palmeras...
Érase una oración
que empezaba a tocar el fuego y la ceniza...
y a vestir la esperanza
de secretos a voces
sobre el alba y el llanto.
Érase una vez... entre todas las veces.