viernes, 25 de febrero de 2011

Amando por amar


Zú, la del barro y oraciones. -Una vez se ha escrito tu nombre en esas calles que no tienen regreso, la huella de tu paso primero te llama a cada instante. Más allá te esperan los relojes de algún tiempo distinto, indefinible, que transcurre sobre el destino que aun no se hace olas en tus vuelos, ni lluvia de tus cielos. Entre sonrisa y llanto, entre la tarde triste y la ilusión de un nuevo amanecer se desnudan todos esos rostros que no alcanzas a encontrar ante el espejo.
Vas como un poema de sueños franqueado tras las blancas cortinas de la razón. En tanto, otras calles esperan verte andar sobre su cuerpo duro y frío, para hacerse recuerdo entre tu ser de algun tiempo esperado, de algún cielo lejano.

Mujer. -Me llamo golondrina. Soy barca que vuela sobre olas con los remos emplumados de nostalgia, de tiernas esperas, de incansable aliento para el sueño. Parto por sobre los senderos invisibles que sostiene el viento entre su aliento. Soy la lluvia dormida entre las nubes, los labios que se hacen humedad cuando la tormenta se agita en el viento infinito del espacio sin nombre que besa las moradas del olvido, para hacer eterna la memoria en la memoria.
Te espero en mi sonrisa, para hacer llanto y flor de algun otoño. Destejer desde el fuego la ceniza y volver, de entre el frío, a cubrir cada hueso en nuestras manos con la piel que acaricia, entre el cansancio, los pétalos despiertos entre espinas y rocío.

Hombre. -Qué te hace no quedarte entre las huellas?

Mujer. -La espera de un mirar de ojos despiertos, que me vean correr sin prisa hacia la vida, desde la vida y por la vida sin llamarme a hacer nidos entre las piedras.

Hombre. -Se ven sobre tus labios mil fantasmas descorriendo la noche, entre espejos y caricias, por saberte ilusion, capricho y vuelo. Que se hace amar de amor; que va y regresa sin tocar, en tierno encanto, tu voz desnuda.

Mujer. -Te he visto caminar hasta mi aliento, dejándome el rocío entre los labios del nuevo amanecer.

Hombre. -Y vamos como canto sobre el tiempo, descorriendo las horas entre las horas. Sin mirar el reloj.

Mujer. -Me llamo golondrina...

Hombre. -Vuelo del alma. La pasión que se agita entre las venas.

Mujer. -Soy barca que vuela sobre olas, con los remos emplumados de nostalgia...

Hombre. -Te vas, luego regresa con el viento.

Mujer. -De tiernas esperas, de incansable aliento para el sueño...

Hombre. -El mar se hace tus alas en la distancia y sueña con amar sin prisa alguna.

Mujer. -Te espero en mi sonrisa, para hacer llanto y flor de algun otoño.

Hombre. -Dejo arder en pasión las melodías que se hacen pensamiento en tu cabello. Te veo regresar sobre el olvido, tomando entre tus manos la caricia.

Zú, la de barro y oraciones. -Y nos cae la tarde sobre todo lo que somos. La noche toma cuerpo en nuestra ida. Regresamos. Sin volver la mirada, regresamos. Las puertas se abren a cada paso dado. Los relojes se agitan sobre la arena lejana. Vamos dejando sombras y espejismo sobre el avance que toca el suelo adormecido y, sin decir adios, besam las huellas de otros pasos de ayer, hoy olvidados.
Respiramos entre lo pasado del momento, las miradas deambulan sin dejarse tocar por el paisaje.
Vuelan los murciélagos sobre el ocaso. Entre mil laberintos transcurrimos. Con los huesos en la piel, y todo el alma hamaqueándose en la nada. La espesa lasitud se hace bostezo. Todo por regresar sobre el regreso. Amando por amar esta existencia, segundo tras segundo. Hay casas de cartón en el trayecto, y lumínicas colas de cometas. Y luciérnagas tejiéndose en las huellas que van por no volver. Y los grillos frotándose los sueños, entre lo más confuso de los broques o debajo de piedras adormecidas. Hay un olor pasmado que se alcanza a tocar por los costados. Nos perdemos de las miradas en la distancia, mientras se hace luna la noche, espoleándose sobre el lomo del olvido. Amando por amar.

martes, 22 de febrero de 2011

Canto al idilio


Zú, la del barro y oraciones. -Entro en la búsqueda de los espejos alados recorriendo la imagen que transplanta la imagen. Una imagen que ve, otra que se mira. Me pongo en el rostro del rostro primero como una flor de jardínes diversos, como un ave de una y otra primavera.
Dudo en la duda de lo posible, me hago oír desde el silencio infalible del ruiseñor que se anida entre el naranjeo color del cundeamor(dulce y jugoso como un beso de mil en labios despiertos) y veo correr los ríos entre los peces y tejerse entre sueños milenarios la simple expresión de una vida eterna y momentánea.
De todos lados el viento se enreda entre pensamientos sin nombre que nos llaman, que nos miran, que nos mecen, que hacen noches en nuestros días y luceros en las miradas más grises de nuestros relojes.
Tocar la frente del que resa sin prisa, desatar las quimeras para que se hagan senderos y que los senderos se hagan caminos y que los caminos se hagan caminantes y los caminantes pasos y los pasos huellas. Amamantar la ilusión prendida a nuestro pecho esperando ver las alas crecer y volar, volar sin rumbo fijo.
Sin ningún destino, bordeando los muros y el cansancio para llegar a ser noche de las noches y amanecer que se abre a la luz de un nuevo día; bebiendo en la sed del rocío, cabalgando en el viento mañanero que se agita entre la niebla y respira sobre el horizonte naciente con olor a eternidad.
Se abren todas las puertas, y nos miramos sin mirarnos; y nos hablamos sin hablarnos. Casi como un idilio, amor sin prisa que se rehace con el toque del tambor en la tarde serena.
Ora somos la sombra, ora somos cuerpos y espigas. Ora somos la historia que duerme entre lo duro de las piedras o entre las hojas de los árboles.
Tallados por las manos innombrables que ahora humedecen sus labios en las aguas del arroyo y se hacen beso antes de llegar al río, luego de arroparse entre el mar infinito del instante.
Miramos respirar las golondrinas, anidarse en lo dulce de la miel a las abejas y hacer sus nidos en lo alto de las palmeras a las cigüas.
Vemos que todo es y respiramos cuando el viento nos acoge en su regazo para la eternidad que se agita en la nada, como una mariposa en medio de la noche.

Mujer. -Me he ido hasta los sueños, vestida en la noche de luciérnaga. Me he ido, entre tropiezos, por entre laberintos y espejismo. Y en todo, voy vestida. Y en todo, voy desnuda. Con las manos llenas de caricias y los labios sedientos. Ya vuelo, ya soy viento. Oración que transcurre sin perderse entre las alas del destino, amando la presencia del presente. Deshojando el pasado a cada instante. Con la dulce sonrisa de una estrella del norte, vuelo entre la alegría y la tristeza. Atada a cada espejo o al desierto que me llama a ser oasis y agua pura. Atada a las breñas que aletean entre tunas y lagartos que llaman la llovizna y el barro que moldea el cuerpo del olvido. Me voy hasta el regreso, entre abismos y las alas nocturnas de la pena. Cocuyo soy despierta entre los sueños, la luz que no desteje la nostalgia. El canto incandescente que te llama entre nombres pasajeros: que busca entre tus ojos la única mirada.

Hombre. -Me he quedado entre todas las ternuras de tu cuerpo abierto a la caricia y al abrazo; al beso entre los labios entreabiertos que se buscan entre el ciego el ciego murmullo del deseo.

Mujer. Mis manos se hacen alas entre tus vuelos. Ardor entre tus brazos, camino en tu camino.

Hombre. -Recorro entre tus pasos el universo.

Mujer. -Me has visto transitar desnuda y firme, el filo del abismo.

Hombre. -Quién te ha vuelto a encontrar entre la niebla?

Mujer. -El llanto de la tarde, roceandose en la tierra adormecida.

Hombre. -Quién toma de tu aliento la promesa?

Mujer. -El caballo de brisa y viento alado que traspaza la tormenta sin tocar la nostalgia.

Hombre. -Qué sueños de concreto se han dormido en tus brazos de oro puro?

Mujer. -El brillo intransferible de una estrella, que va sin volver la mirada a los muros sedientos en la espesura. Y en todo lo que he sido, transita sin dormirse en las veredas o el eco.

Hombre. -Te digo, entre serpientes y lloviznas, que me habitas en cada tentación que en sí aposentas.

Mujer. -El río se hace mar mientras nadamos, respirando entre olas de papel hasta la orilla. Y luego somos arena, alba sobre un horizonte sin regreso.

Hombre. -Nos quedan los segundos; la posible mirada entre cortinas. La sombra inmaculada.

Mujer. -Te llevo hasta la orilla.

Hombre. -Y en ése ir regresan otros espejos.Caracolas dormidas entre la sal y el sol. Jadeantes entre las formas intangibles. Desnudos hasta el olvido.

Mujer. -Dejando, para nunca, todo el fuego enredado en la penumbra. Luego el sol nos separa como dos noches lejanas.

Hombre. -Y nos vamos sin pronunciar sonrisa alguna.

Mujer. -Ni llanto.

Hombre. -Qué haremos en el después?

Mujer. -Otras luces en noches pasajeras. Contando los pasos del regreso.

Hombre. -Como si fuera posible regresar. No hay adios para el olvido.

Mujer. -No.

Zú, la del barro y oraciones. -Me dejo el caminar sobre los pasos y la ceniza: me toca la frente la sed calmada y la mirada se pierde en la distancia.

lunes, 21 de febrero de 2011

Nubes






Nubes. Más cerca del sol que de la lluvia,
colgadas sin amarres. Como una ilusión celestial.
Mientras las calles y los árboles van con el reloj
Y el hombre deletrea el cantar de los duendes.
Nubes. Fábulas sobre el asfalto. Dormidos
Dentro de la historia de lo cotidiano.
A paso de concreto. Y allá arriba,
Como si no fuera lo mismo
Se dibujan los caminos olvidados,
La pasión fecunda del sueño.
El canto de los dioses.