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miércoles, 25 de marzo de 2009

La palabra vida






Es posible que no sea tan solo una palabra. Vida.
Es posible que haya tantas tierras
y planetas en su sola enunciación.
El hombre de maíz transita entre el asfalto.
Bajaron de los árboles verdes serpientes.
Y manzanas. La mirada sobrevoló de su trono infecundo
y el corazón fué luz.
Amanecer que retoca el rocío y los tambores.
Sonrisa celestial que revive las ruinas.
Y el canto de las olas varadas en la orilla.
Pensamiento de viento y de salitre.
Recorren las veredas las lloviznas.
Y viene el aliento anidando esperanzas.
Y espejos.
Y en medio de la tarde que agoniza,
nueva vez la palabra.
Vida.
Vida no es solo esqueletos y costumbres.
También es canción y lagarto.
Saludo innecesario a las ciguas palmeras y al camino
Huellas de otras lluvias. Danzar a lo alto de las pencas
Con el viento que pasa.
Relojes que acurrucan la nostalgia.
Y el marrón de ese vuelo perenne
En busca de ramas caídas y nacientes recuerdos.
Vida.
Lombríz que fecunda la humedad de sus sueños.
Tierra despierta.
Volviendo sin volver. Lléndose con los días
que pueblan la existencia.
Uno a uno. Sin prisa.
Y ya nos detenemos por las cosas pequeñas.
Ancladas en su andar sereno.
Dejando que pasen los otoños y los nidos desiertos.
Hasta que la llovizna le toma en vuelo
Y le lleva a otras tierras de igual destino.
Las cuarezmas carcomen lo infecundo.
El corazón tiene sus propias fronteras.
Su voz no muda con los días.
Templado en lo intangible,
aletea incesante y altanero.
Con la vida.
Cenizas en las cenizas y grises alas, ven pasar,
La vida.
Lejos de los colores, calma su sed el arcoíris.
El planeta no detiene su andar,
Mientras transitamos bajos sábanas y espadas.
La vida rejuvenece
Sapos y doncellas. Prendidos de inifinitos horizontes
Cabalgan flores y mariposas.
En busca de la noche y la neblina.
Y en todo sopla la vida.
Hasta en los grillos.
En las piedras y el sereno.
Madrugan, entre azules sombreros, nuevos jardínes.
Aunque doblen las espinas.
O canten los gallos. Y en todo...
La vida.