No le queda mirada en la mirada. Ni soles en sus cielos de aleluias.
Los sonidos se escapan a la voz de la mar sobre la arena.
Vuelan, como entre flores de concreto, los fantasmas de dulce café.
Le llaman las hojas que aletean, de verde y esperanza...
Regresan los caminos en largas cabelleras.
La sed de los arroyos se hace lluvia y melancolía.
Canta entre la alegría que le toca la frente.
Ya vienen ya se van sus pasos sin regreso.
El brillo se hace espacio entre sus ojos
Que duermen en los montes, en nidos y bejucales.
La magia de lo eterno se hace estrellas en las noches
Y rocío en el alba intrascendente.
La vida.